Cecio se ha vuelto loco

Starfresco es una idea loca. Aquí se vive de pura pasión y se regala una sonrisa, siempre.

Y la pasión por el helado es muy contagiosa, desde la primera degustación.

Si hace tan solo siete inviernos me hubieran dicho que después de cuarenta años de trabajo entre la industria textil y producción energética me habría encontrado a hacer el heladero en frente del mar, probablemente habría pedido hospitalización forzosa por la total pérdida del juicio.
Y, sin embargo, la vida siempre te reserva sorpresas. Pero con una condición: que tu seas lo suficientemente loco para no pararte delante de nada, especialmente cuando piensas que tu camino ya lo habías hecho, que es el momento de descansar, de dejar espacio a los jóvenes y bla bla bla…

Pasa que después de cuarenta años de trabajo una vocecita te susurra que sería el momento de empezar a hacer lo que te gusta. Y tú piensas que, más que todo lo demás, casi más que el Inter, te gusta el helado. Reflexionas y admites que a menudo has hecho quilómetros para comerte uno como te gusta a ti. Y vuelves a ver a una querida amiga- Marzia, a la cual siempre estaré agradecido – que te invita a creer, de hecho a hacerlo juntos, ¿por qué no?

Y entonces dejas de hacerte la persona seria y decides hacerte el loco. Estudias, te informas, hablas con tus amigos heladeros, intentas, pruebas, te equivocas, lo vuelves a intentar desde cero. Y empiezas a pensar que, en el fondo, no has decidido escalar el K2, ni matar a alguien ni robar La Mona Lisa. En el fondo solo quieres intentar hacer tu helado, como te gusta a ti, como mucho no funciona, o la gente no lo entiende. Pecados veniales, nada de tan grave, hay de mucho peor, solo hace falta encender la televisión durante cinco minutos.

Y al final te vuelve a la mente la persona a la que más quieres, que con ese adorable acento partenopeo, nunca perdido, ni después de cincuenta años en Milán, te repetía a menudo a ti y a tus hermanos:

“ chicos, en la vida no olvidéis nunca hacer lo que os gusta, pero si lo hacéis delante del mar, sale mejor … ”

Y aquí estoy, hace ya siete años delante del mismo mar del que hablaba papá, a compartir con muchísimos amigos nuevos la pasión extraordinaria por el helado. El Cecio se ha vuelto loco. Seguro, amigos míos, pero si tenéis que elegir entre abandonaros a la rutina de todos los días o a haceros los locos, fiaos de mi, no tengáis dudas, la vida es una, hacerse arrastrar por la pasión es encanto puro.